El lugar de quien mira o la relación documental con el mundo

Si, como Jean Louis Comolli escribió, filmar es otorgarle un lugar al otro (a lo otro), asumir el lugar desde donde se mira o filma vendría a ser la otra cara, inherente, de ese pacto que implica el cine documental. Filmar es de alguna manera filmarse. Hablar de lo que tenemos enfrente es en verdad encontrar la manera de manifestar y compartir la relación que establecemos y mantenemos con ello. Pero este “yo” que siempre está y tiene que estar, inevitablemente y por definición, puede tomar muchas formas cinematográficas: el cineasta personaje, el cineasta demiurgo, el cineasta guía, el cineasta catalizador, el cineasta narrador, el cineasta que está en el centro, el cineasta que participa, el cineasta que reacciona, el cineasta que contempla y guarda silencio… Cada uno de estos lugares desde donde se mira nos lleva a una forma fílmica u otra.

Proponemos un viaje por diversas propuestas cinematográficas del documental contemporáneo para fijarnos en ese lugar de origen o generador de la mirada, ese yo que decide hablar y lo hace. El objetivo no es categorizar ni abrir un abanico de posibilidades, sino como siempre buscamos acercarnos y llegar a describir, sacudir, cuestionar y finalmente acariciar una noción que atraviese (y de hecho atraviesa) todo acto creativo. Y esa es la absoluta e imprescindible necesidad de la presencia de un yo para que la imagen de algo, de cualquier cosa, encuentre y tenga lugar.